Fuerza Popular: el hundimiento de un narcopartido u organización criminal

Jaime Antezana Rivera.

El fujimorismo, entre 1990 a 1999, convirtió al Perú en un narcoestado. Los narcobuques, los narcoaviones (entre ellos, el narcoavión presidencial), los narcohelicópteros en el Alto Huallaga y VRAE con cocaína y los narcofusiles que fueron enviados a las Farc son la evidencia de eso.

El narcoestado fujimorista fue producto de una alianza con el narcotráfico: con los carteles colombianos (de Medellín de Pablo Escobar y de Cali de los hermanos Rodríguez Orejuela) y los narcotraficantes nativos.

Fruto de esa alianza se utilizo las instituciones estatales y la logística para el envió de cargamentos de cocaína a EEUU y Europa. Y, en las zonas de producción y elaboración de PBC, cobraban “cupos” por el uso de las pistas de aterrizaje clandestinas.

El fujimorismo nunca fue una propuesta ideopolítica o doctrinaria. Nunca se definió, por ejemplo, como liberal. Fue, desde su génesis, una organización delictiva y, con el golpe de estado de abril de 1992, dictatorial. En ese sentido, fue una narcodictadura.

Y como toda narcodictadura fue corrupta: saqueo las arcas fiscales mientras ejecutaba obras en los sectores populares urbanos y rurales, de ahí que tenga arraigo popular en los sectores más pobres. La obra pública fue acompañado de asistencialismo y la pacificación del país.

Asimismo, a la vez de destruir y controlar las instituciones, fue una narcodictadura que violo los derechos humanos con hechos ignominiosos y execrables: la matanza de los estudiantes de La Cantuta, en Barrios Altos y en el Santa por el grupo “Colina”, creado para esas labores. .

En consecuencia, contrario a lo que sostienen los fiscales que investigan a Keiko Fujimori y 11 miembros de su entorno intimo del vértice de Fuerza Popular, el fujimorismo es una organización criminal que cuajo en el poder. Esa es su naturaleza.

Lo criminal no se infiltro desde fuera. Fue gestada y configurada por el padre del fujimorismo, Alberto Fujimori, y Vladimiro Montesinos, su socio en la cúspide el poder. Tras la implosión y la caída del fujimorismo (2000-2001), ¿el fujimorismo se reconvirtió en un movimiento político e ideológico sano? No.

Siguió siendo una organización criminal. Eso sí, entre el 2006 al 2011, experimento un cambio muy importante: se convirtió en un narcopartido. Es decir, incorporo a los narcotraficantes en su seno, en toda su estructura. Pasaron de la “alianza” a la incorporación orgánica.

Así, aparecieron los narcocandidatos y los narcopolíticos en Fuerza Popular.. En efecto, de los 21 narcocongresistas que están en el congreso actual 14 están en Fuerza Popular. Y de esos 14, 10 son patrones de firmas o capos regionales. El dinero de los narcocandidatos y otras firmas falta investigar.

En conclusión, el “partido político” Fuerza Popular que esta atravesando una crisis de hundimiento es el narcopartido más importante de esta época, es decir, del siglo XXI. Es así como lo predominante es el narcotráfico. Desde esa perspectiva, es una organización criminal.

Sin embargo, como ocurrió con Al Capone,que no cayo con una gota de licor sino por evasión tributaria, el narcopartido u organización criminal Fuerza Popular no esta cayendo por el dinero que el narcotrafico lavo en las campañas del 2011 y 2016 sino por lavado de activos del aporte de Odebrecht.

Si el juez Richard Concepción Carhuancho le da prisión preventiva a la señora Fujimori Higuchi y los 10 miembros de la nomenclatura fujimorista que están siendo investigados por lavado de activos sellará el derrotero del fin del fujimorismo criminal. Eso es lo que esta en juego en la audiencia en curso.

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