EL TRISTE ADIÓS DE ESTE CONGRESO

Con la no elección del nuevo defensor del pueblo, una tarea que está pendiente en el Congreso desde 2010, el actual Poder Legislativo, ese que termina funciones en pocos meses, ha anunciado su salida sin pena ni gloria y por la puerta falsa, tras cinco años -cuatro de ellos bajo el mandato del nacionalismo- de escándalos, circo y de poca producción. Una lástima si se tiene en cuenta que había la esperanza de que nunca más tengamos representantes como los del pasado.

Recordemos que este ha sido el Poder Legislativo de “comeoro”, de la “robacable”, de Omar Chehade en Las Brujas de Cachiche, de Michael Urtecho y el cobro que hacía a los empleados de su despacho, de otro acusado de tener un antro donde se prostituía a menores de edad, el de los escuderos de César Álvarez, y el que cerró filas ante el escandaloso espionaje humalista de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) y el lío de las agendas de Nadine Heredia.

Este es también el Congreso del “solidario” José Luna, quien se jactaba de cobrar un solo por su trabajo, pero que fue sorprendido mientras los empleados de su despacho se iban a hacer “horas extras” a su universidad. De igual forma, es el Poder Legislativo de Ana Solórzano, la que con recursos públicos regalaba billeteras marca Renzo Costa, tanto a congresistas como al más novato de los empleados, para que nadie se sienta “discriminado”.

Cómo olvidar a este Congreso que se va, si es célebre por la famosa “repartija” de 2013, cuando pretendieron distribuirse el número de magistrados del Tribunal Constitucional y al defensor del pueblo en proporción al número de legisladores que tenían. La gente dijo “no” a tal maniobra digna de la politiquería más barata y fueron puestos en ridículo, al extremo que el propio presidente Ollanta Humala se lavó las manos luego de que sus parlamentarios fueron parte de todo.

La elección del defensor del pueblo pudo haber servido para lavarle la cara al Congreso que se va, pero no fueron capaces de eso y claro, ahora todos se tiran la pelota. Lamentable que una institución básica en toda democracia sea tan mal vista por los peruanos. En el supuesto negado de que a algún tiranuelo de por ahí se le ocurriera cerrarlo, es seguro que muy pocos saldrían a defenderlo. Ojalá desde julio la cosa sea muy distinta.

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