EL PUERTO DEL CALLAO: MÍNIMO CONTROL ESTATAL Y PRINCIPAL RUTA DE LA COCAÍNA AL EXTERIOR.

POR: JAIME ANTEZANA RIVERA.

«No puedes tapar el sol con un dedo», es una expresión metafórica que encaja en lo que está pasando en el Callao. En efecto, algo que no se puede ocultar, por su enorme dimensión cuantitativa y los recursos que utiliza, es el tráfico de cocaína al exterior por el puerto. Y, pese a la difusión mediática de los decomisos, estos resultan magros frente al problema.

Eso es lo que revelo el breve informe «Callao: el tráfico de drogas continúa en el primer puerto» propalado por el programa Cuarto Poder de América, el domingo 14 de mayo. El mismo título del informe era elocuente e indicaba de lo que está pasando en el principal puerto de nuestro país con la cocaína. Y hace poco, con la marihuana.

Para tener una idea cabal de lo que está pasando con tráfico de cocaína en este puerto marítimo es necesario, por un lado, analizar los datos que da a conocer el informe dominical y, posteriormente, confrontarlo con las estimaciones de cocaína que sale por allí. Empecemos por lo primero. ¿Qué señalo este informe?

«La Dirandro ha frustrado solo entre enero y mayo en envíos de casi media tonelada de cocaína de la más alta pureza a tierras extranjeras que fueron camuflados en productos de exportación…» (http://www.americatv.com.pe/…/callao-trafico-drogas-continuó…).

Inmediatamente a esa afirmación, el informe dio cuenta de una de las labores de control de cocaína en un contenedor, realizado hace algunos meses de este año en el terminal portuario DP World. Reproduzcamos parte de la descripción de este control antinarcótico realizado por la Dirandro y la inteligencia de la marina:

«Este año…personal de inteligencia de la marítima dio con este conteiner preñado que iba a ser enviado a México. Cuando los agentes abrieron el contenedor encontraron tres maletas de color negro…Al abrir las maletas la Dirandro encontró más de 110 kilos de cocaína…». (Ibíd)

Este es uno de los decomisos que forma parte de la casi media tonelada intervenida por la Dirandro en el puerto del Callao. Sin embargo, el lunes 15 de mayo, un día después del reportaje de Cuarto Poder un operativo policial realizado por la OFINT-DIVPORT decomiso 142 paquetes tipo ladrillo. Si un paquete ladrillo equivale a 1 kilo, serían 142 kilos de droga decomisada.

Al sumar la casi media tonelada más los 142 kilos, tendríamos casi 642 kilos incautados entre enero a mayo en curso. ¿Qué significa el decomiso de casi 642 mil kilos en casi cinco meses del año 2017? ¿Es realmente significativo esa cantidad de kilos de cocaína droga producto del control antinarcóticos en el principal puerto del Perú?

Si esos casi 642 kilos lo desagregamos por mes significa que la Dirandro, con apoyo de inteligencia de la marina o no, ha decomisado en promedio 128. 4 kilos mensuales de cocaína. No llega ni a 130 kilos de cocaína incautada mensualmente. ¿Es significativo o mínimo frente al volumen de cocaína que sale por el puerto?

Ello implica comparar lo decomisado entre enero y mayo con la cantidad de cocaína que sale anualmente por el puerto. ¿Cuanta cocaína se estima que sale por el puerto del Callao anualmente? Se estima que anualmente estaría saliendo entre 100 toneladas y 120 toneladas de cocaína por los barcos y embarcaciones diversas.

Entonces, mensualmente estaría saliendo 833 mil kilos y 1000 kilos, una tonelada, de cocaína. El contraste es abismal: 128.4 kilos versus 833 kilos o 1000 kilos de cocaína que salen mensualmente. No hay punto de comparación. Es posible que, entre esos dos valores, por el Callao este saliendo 833 kilos mensuales. En total, 100 toneladas de cocaína anuales.

La diferencia entre lo que sale y se controla es enorme, colosal. Lo que se decomisa es mínimo e insignificante: ! 128.4 kilos que se decomisa y contra 833 kilos sale al exterior¡. Es insignificante. Evidentemente, que el control antidrogas no afecta al trafico ilícito de la cocaína; no afecta al narcotráfico. El panorama es desolador.

Visto así, el puerto del Callao es la principal ruta de exportación marítima de cocaína hacia Europa, Asia y, en menor proporción, África. Es, dicho sin eufemismos, prácticamente una ruta libre de la cocaína esas zonas del globo terráqueo. Ese enorme volumen de cocaína, sin hipocresías, no lo controlaban Gerald Oropeza ni «Carocol». Lo manejan las grandes firmas del Narco.

Pero estos datos presuponen otra cosa: que las labores de control antidrogas son mínimos, irrisorios. En general, demuestran la ausencia de control del Estado. O que los organismos del Estado encargados del control de las drogas no funcionan o están funcionando en función del trafico de drogas. En función de los intereses del narcotráfico.

Esa es la única explicación que va de la mano de la falta de voluntad política del gobierno de controlar el trafico de drogas en el principal puerto del país y sus secuelas: corrupción a todo nivel (policía, jueces, fiscales), violencia delincuencial en todas su formas (robos, asaltos, asesinatos, ajustes de cuentas) y el el poder político. Y la generalización del consumo de drogas.

En este escenario, el narcotráfico para colocar la cocaína en los contenedores y los barcos utiliza todo lo que encuentra a su paso: bandas de barrios, policías, estibadores, trabajadores de la Sunat y Aduanas, marinos, trabajadores de empresas portuarias y barcos. Cambien otro tipo de embarcaciones que salen de las pequeñas caletas en la periferia del puerto.

El estado de emergencia no fue para controlar el trafico de cocaína por el puerto. Fue simplemente para desarticular y alejar a las bandas de barrios que se habían enfrascado en una narcoguerra: por quien colocaba («preñaba» o «contaminaba») mas cocaína en los contenedores y barcos. Ni siquiera eso logro efectivamente.

Lo que si logro post estado de emergencia fue que la violencia delincuencial continué (ajustes de cuentas por sicarios) y que la mayor parte de la cocaína ingrese por la cadena logística: desde los almacenes, sin descartar el preñado de contenedores fuera de estos, hasta los barcos. Es decir, que el puerto del Callao sigue siendo la principal ruta de la cocaína el exterior.

Hay que dejar atrás la hipocresía y las medias verdades, pues estas no pueden «ocultar» el sol de la realidad.

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