La narcoemboscada en Palmapampa, Vraem. Narcoguerra a la “Méxicana”

Escribe: Jaime Antezana Rivera.- No fueron los “narcoterroristas” que quieren ser vistos como “revolucionarios” y “comunistas militarizados” como lo llamara el fujimorismo.

No fue el “sendero luminoso” del Vraem como lo denominaban los que justificaban la estrategia militar antiterrorista donde no hay, desde julio de 99, senderistas.

No es un mero ataque más de “sicarios” del narcotráfico, inconexo y aislado, luego de la destrucción de dos pozas de maceración como discurre por las páginas de los diarios.

Y que discurre, automática y acríticamente por las redes sociales sin capacidad de ver bosque.

Sin minimamente guglear unos minutos. – Ninguna de estas lecturas, funcionales al discurso oficial de las FFAA y el narcofujimorismo que, cuando quiere, inventa o busca “resucitar” el “terrorismo” como su savia vital, son reales.

Lo ocurrido en Palmapampa, el lunes 8 de mayo, a la 1.40 pm, es una narcoemboscada (o sea, cuando los narcotraficantes atacan de sorpresa a la policía) que, desde junio de 2001, forma parte de una nueva guerra, la narcoguerra por la defensa de las drogas (pbc y cocaína) que vive el Vraem.

Es tan difícil revisar, ahora sí, los innumerables enfrentamientos armados en las rutas de herradura y, en menor proporción, las carreteras que unen el Vraem con Ayacucho, Quillabamba/Cusco y con Satipo/Junín para darse cuenta de que es una guerra que no tiene nada que ver con lo que fue el terrorismo senderista?

Cuántos enfrentamientos y/o narcoemboscadas más se necesita para darse cuenta de que son los eslabones bajos del narcotráfico han desencadenado una guerra que tuvo, entre el 2005 al 2013, como principales protagonistas a las columnas armadas del clan de los hermanos Quispe Palomino?

¿Cuántos enfrentamientos armados, que han dejado cientos de muertos regados en los silenciosos caminos de herradura, entre los “mochileros” con policías y bandas de asaltantes de drogas tiene que ocurrir para reconocer que se trata de una narcoguerra?

¿Cuántos enfrentamientos o narcoemboscadas más en otras regiones (Ucayali, Puno, Piura, Pichis-Palcazu, La Libertad, etc.) se necesitan para darse cuenta que estamos viviendo una narcoguerra, precisamente, cuando el narcotráfico está apostando por el narcoestado por la vía electoral el 2021?.

No lo sabemos. El peso del “narcoterrorismo”, inexistente en la normatividad y la realidad, en la psique colectiva nacional es muy fuerte que ve ‘terrorismo” en el accionar armado del narcotráfico y la delincuencia criminal. Solo esperemos que, cuando nos demos cuenta, estemos a tiempo de frenar una narcoguerra a la “mexicana” que es lo ha empezado a predominar.

Fuente: Jaime Antezana Rivera

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