La caída de keiko Fujimori. Kenji es la carta de Alberto Fujimori

Jaime Antezana Rivera.

Keiko Fujimori Higuchi esta en caída. Una encuesta de GFK, a fines de enero pasado, publicado por La República, registró la perdida de “terreno en la aceptación ciudadana” y una mejor aprobación que su hermana por parte de Kenji Fujimori. Kenji alcanzo un 39% de aprobación a su labor y Keiko 31% de aceptación. (http://larepublica.pe/politica/1176763-encuesta-gfk-kenji-fujimori-tiene-una-mejor-aprobacion-que-keiko).

La caída de Keiko Fujimori es una tendencia.

Otra reciente encuesta registra más claramente esa caída. En la encuesta de Pulso Político, publicado el miércoles 7 de marzo pasado por Perú 21, Kenji encabeza la encuesta con 34% de popularidad. Le sigue Julio Guzmán con 30%, quien tiene una presencia intermitente. En el tercer lugar, con un sorpresivo 29% para Alfredo Barnechea. ¿Y Keiko con cuanto aparece? Su popularidad alcanzó un 24%. Es decir, ocupa el cuarto lugar.

Así, pues, Keiko ya no lidera las encuestas. Otras encuestas también muestran esta caída y, por consiguiente, muestran el ascenso de la popularidad de su hermano Kenji, quien esta capitalizando lo que pierde su hermana y se proyecta como candidato presidencial. Por esa razón, Keiko ha salido a dar entrevistas y pronunciarse sobre lo que reveló Jorge Barata y exigiendo la renuncia de PPK. Busca recuperar espacio.

A estas alturas, más allá si es cierto que Kenji y Keiko tengan las cifras de popularidad que registra la encuesta de Pulso Perú (si sumamos ascienden a 54% y eso es imposible) o que Guzmán y Barnechea tengan 30% y 29% respectivamente, lo cierto es que la popularidad de Keiko esta en caída. No es un dato aislado. Es una tendencia. Ni los esfuerzos de Gestión por levantar a Keiko han dado resultados.

Kenji es la carta de Alberto Fujimori. El potencial candidato presidencial

La caída de Fujimori Higuchi, sin embargo, es algo que empezó a fermentar desde su segunda derrota electoral. Un dato sintomático de eso: Kenji no fue a votar el 5 de junio de 2016, el día de la segunda vuelta. Es decir, ese gesto significo el desmarque en términos practico-reales de su hermana Keiko. La decisión de Kenji, obviamente, no fue una personal. Obviamente, no fue una decisión individual.

Esa decisión fue -contra todo pronostico y aun no se asume- de un núcleo fujimorista liderado por Alberto Fujimori. Los hechos indican que es así. Kenji es la carta de Alberto Fujimori. Y la piedra de toque de esa decisión fue un frió análisis de los resultados de la segunda derrota electoral de Keiko y el accionar de Fuerza Popular en el Congreso bajo el férreo control de keiko.

La lógica de este sector fue, en un primer momento, jugar a dos corrientes dentro de Fuerza Popular. Kenji sin fuerza propia. Y, cuando esa posibilidad no pudo continuar, optaron por la división en el Congreso a cambio del indulto del dictador Alberto Fujimori. Ahí aparece el kenjismo y sus nueve “Avengers escindiendo a Fuerza Popular y salvando de la vacancia a PPK. El fujimorismo se dividió.

Hace dos semanas, tras la revelación de Barata que Odebrecht aportó 1,2 millones de dolares a la campaña de Keiko en 2011, Kenji renunció a Fuerza Popular. En otros términos, del cisma congresal pasaron al cisma partidario. Hoy, hay dos fujimorismos: el keiikismo y el kenjismo. Y es el kenj, según las encuestas analizadas, el que se ha convertido en un potencial candidato presidencial.

Keiko no ganara las elecciones del 2021. Es sinómimo de derrota.

Ahora, ¿por qué dividir al fujimorismo si dos candidatos el 2021 no solo disputaran el mismo espacio sino -y esto es lo central-  puede llevar a la sepultura política al fujimorismo? Así es: dividir al fujimorismo en dos organizaciones y liderazgos es un acto suicida. La división, al debilitar a ambos lados, los llevara a su fin como un movimiento caudillista, autoritario, populista y vinculado orgánicamente al narcotráfico.

Entonces, ¿porque dividir al fujimorismo que parecía monolítico y con gran experiencia en el manejo del poder? ¿Que apuesta esta a la base de esta división? Existe en el fujimorismo albertista -esto hay que decirlo claramente- el convencimiento de que con Keiko ya no se ganará las elecciones el 2021. Es más: que la candidatura de Keiko garantiza una inevitable tercera derrota electoral del fujimorismo.

En consecuencia, había que optar por otra figura de gran potencial en el fujimorismo. El elegido fue Kenji: el congresista de mayor votación de las elecciones. Pero que razones explican esa decisión de patriarca del fujimorismo y, por consiguiente, la caída de la popularidad de Keiko. Estas razones o factores las podemos dividir -con riesgo de alguna omisión-. en dos bloques. Veamos.

Las dos derrotas electorales (2011 y 2016), el voraz copamiento de las instituciones del Estado (Sunat, Consejo Nacional de la Magistratura, etc.), la demolición del “gabinete de lujo” de PPK, el fracaso del primer intento de vacancia presidencial, la división de Kenji Fujimori y sus “Avengers” y no hacer nada por el indulto o la prisión domiciliaria para su padre ,son algunos datos que explican la cancelación de Keiko Fujimori para el 2021.

No haber hecho nada, estando en sus manos por la mayoría absoluta que tenía en el congreso, para una prisión domiciliaria o por el indulto a su padre es -que duda cabe- el hecho que ha quebrado su relación con su progenitor. Ello, ante la opinión publica, cuajo en una percepción: no solo no quiere a su padre sino que no lo quiere libre. Las fotos con su padre tras el indulto ilegal, son imágenes frías. Pura pose formal.

Hay otros dos factores que fueron golpes demoledores a Keiko. Por un lado, el proyecto de ley de Rosa Bartra, o del “esclavo juvenil”, que profundizó esa caída y -esto es importante decirlo- la ruptura con sectores juveniles cuyas edades oscilan entre 18 a 24 años. De otro lado, pese haberlo negado varias veces, la confirmación de Jorge Barata que Odebrecht aporto con 1,2 millones de dólares a su campaña electoral en 2011. Esos factores reforzaron su caída.

¿Cual es la imagen que tiene la población de Keiko? De una mujer que no trabaja; que no quiere a su padre (no hizo nada por prisión domiciliaria o el indulto); que ha sufrido dos derrotas electorales; que fracaso al querer la vacancia de PPK y que ahora busca vacarlo después que le dio el indulto a su padre; y, finalmente, que tiene una voracidad autoritaria por el poder. En suma, de una candidata que es sinónimo de derrota.

La remodelación de Kenji. La confrontación por la candidatura presidencial.

Ahora se entiende porque Kenji no fue a votar por su hermana en la segunda vuelta de 2016, de sus abiertas y duras discrepancias individuales con Fuerza Popular y su hermana en el congreso, hasta la división y renuncia de Fuerza Popular. Estos actos fueron fríamente calculados por el núcleo albertista. No es producto del azar o la creatividad de Kenji. Es producto de un trabajo fino de imagen y comunicación.

La apuesta era -y es- Kenji. Hasta hoy, ese plan esta dando resultados. Por eso, están “remodelando” a Kenji. Al punto de hacerlo casi irreconocible de lo que fue antes: de ser el hijito engreído de “api”, conocido por sus filias con su perro “puñete, por el narcoalmacén de Limasa (donde se hallo casi 100 kilos de cocaína y estar investigado por lavado de activos ha pasado a potencial candidato presidencial.

Lo que esta en pugna es el liderazgo del fujimorismo. No puede haber dos candidatos presidenciales del fujimorismo, pues ello los condenaría a la liquidación política. En esa pugna uno de ellos tiene -así es la política- que imponerse al otro. Por lo tanto, la confrontación sera dura y abierta. O se afirma la caída de Keiko y el ascenso de Kenji o ambos se autodestruyen. Quien se imponga al otro, renunciará y apoyará al vencedor.

En conclusión, tendremos una sola candidatura fujimorista. Y con la misma matriz: autoritaria/dictatorial, populista y vinculada al narcotráfico. No estamos ante el nacimiento de un fujimorismo democrático, solidario, bondadoso y que apuesta honestamente por la gobernabilidad y la reconciliación nacional. En ese sentido, queda pendiente abordar, con mayor profundidad, la “remodelación” artificial de Kenji Fujimori.

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